Anna Tarhaus
PERSONAJES
ANNA
SOPHIE
MICHEL
LUCIE
PAUL
I
(Suroeste francés. Mañana de mediados de Junio. Región de Las Landas. Interior de un gran almacén convertido en taller de pintura, muy cerca del mar. La luz entra por un ventanal, no visible, situado a la izquierda del público, que marca sus líneas sobre parte del espacio. Cercana a ese espacio del ventanal, se encuentra una mesa y sobre ella papeles de bocetos, un ordenador portátil abierto, hojas de enebro, una botella de vino abierta y un vaso. A los lados tres sillas. En la gran pared del fondo, en el centro, hay una caja en forma de cubo y sobre ella un pequeño equipo de música. Sobre otra caja más grande a la derecha se encuentran varias cajas de fruta con material de pintura. Entre ambas, un colchón enrollado. Más a la derecha cajas con material que salen de escena. El espacio de representación, recoge gran parte del almacén, pero dando idea de continuidad tanto a los lados como en la parte superior, donde se encuentran una serie de ventanales muy altos. ANNA, es pintora, cercana a los cuarenta y con un fuerte atractivo natural. Lleva media melena y viste una camiseta blanca con un viejo pantalón azul mahón. En el espacio más central hay una pequeña silla y cerca de ella un caballete con la tela preparada al lado del material de pintura. ANNA entra en el espacio, se dirige al equipo de música, lo enciende y suena un tema de jazz. Se dirige a la mesa, observa los bocetos, bebe un trago de vino y lleva el enebro a la pequeña silla central. SOPHIE entra en el espacio hablando por su teléfono móvil. SOPHIE, es su representante y amiga. Viste un exquisito traje chaqueta. Pasa de los cincuenta. Sus gestos son duros, seguros y elegantes. Observa a ANNA y apaga la música)
SOPHIE.- Está bien... De acuerdo... ¿Anna?... (ANNA, hace un gesto de negación) No. No estoy con ella. Sí. Está bien. Sí, se lo diré. Claro. Adiós (A ANNA. Seria) Llamará más tarde.
(SOPHIE, hace un gesto de pedir explicaciones a ANNA)
ANNA.- No quiero hablar con él.
SOPHIE.- Su opinión es muy importante para Armand.
ANNA.- Ya no codicio la buena opinión de los demás.
SOPHIE.- Más bien la desprecias.
ANNA.- Me conformo con ser indiferente.
SOPHIE.- Con ciertas personas no puedes permitírtelo.
ANNA.- Me he vuelto muy avara con el tiempo y sólo dispongo de él para lo esencial.
SOPHIE.- Esto lo es.
ANNA.- Sí tengo que soportar a esa bruja para entrar en la exposición de Armand, prefiero estar fuera.
SOPHIE.- Eso es lo que va a ocurrir.
ANNA.- Ya veré que hago.
(SOPHIE observa con atención a ANNA que sigue su actividad)
SOPHIE.- Esa indecisión tuya ya no tiene el mismo efecto.
ANNA.- ¿Qué quieres decir?
SOPHIE.- Antes había en ella cierto candor infantil.
ANNA.- (Desprecio) ¿Candor?
SOPHIE.- Ahora, ya no tiene el más mínimo encanto.
(Silencio. ANNA, queda aparentemente ofendida. SOPHIE, se sienta en una silla y observa a ANNA que sigue con la actividad y con una actitud marcadamente infantil. Silencio)
ANNA.- (Aniñada) Ya no me quieres.
SOPHIE.- (Bromeando) Ya no te admiro.
ANNA.- Eso es peor.
SOPHIE.- Es mucho peor.
ANNA.- Tengo que aprender a negociar.
SOPHIE.- (Seria) Eso déjamelo a mí.
ANNA.- ¿Seguro?
SOPHIE.- ¿Qué quieres decir?
ANNA.- Estas perdiendo facultades.
SOPHIE.- (Molesta) Puede que sí (Con intención) Antes era capaz de vender cualquier cosa, pero ahora los nuevos ricos son más exigentes (ANNA sonríe, se sienta en el suelo, cerca de unas cajas con botellas de vino y se sirve un vaso de una ya abierta) No entiendo que haces aquí.
ANNA.- Busco.
SOPHIE.- Nunca has necesitado nada parecido a esto.
ANNA.- Es solo un espacio.
SOPHIE.- Espero que transitorio.
ANNA.- (Teatral) ¡Hasta que todo vuelva de nuevo a fluir! ¡Y mientras, imaginemos lo peor, encontremos los monstruos debajo de la alfombra y haremos que el año empiece en septiembre!
SOPHIE.- Llevas aquí en Las Landas cerca de un mes, desde Mayo exactamente y no veo que te haya servido de mucho (Con intención) Excepto para cosas que no tienen que ver con la pintura (ANNA la sonríe con picardía) ¿Ese jovencito que has recogido por ahí, te inspira para pintar?
ANNA.- Algo así.
SOPHIE.- ¿De dónde lo has sacado?
ANNA.- Estaba en la playa (Bromeando) Lo recogí, lo lavé y le di de comer.
SOPHIE.- ¿Solo eso?
ANNA.- Por ahora, sí.
SOPHIE.- ¿Cuándo diste con él?
ANNA.- Muy pronto.
SOPHIE.- He invitado a venir conmigo a una joven amiga.
ANNA.- ¿Muy joven?
SOPHIE.- Jovencísima.
ANNA.- Tráela.
SOPHIE.- No la he dejado entrar.
ANNA.- ¿Dónde está?
SOPHIE.- Paseando por aquí cerca.
ANNA.- ¿Sola?
SOPHIE.- Sí.
ANNA.- (Ilusionada) ¿De dónde la has sacado?
SOPHIE.- La encontré por ahí. La recogí, la lavé y la di de comer.
(En ese momento, entra MICHEL. Está mojado y en traje de baño. Tiene alrededor de veinticinco años. Es de rostro aniñado, delgado y no muy alto. Su cuerpo está totalmente depilado y muy cuidado)
ANNA.- ¿Qué tal está el agua?
MICHEL.- Fría.
(MICHEL, se acerca a la pequeña silla, se seca con la toalla y se sienta en la silla. ANNA inicia el esbozo de la escena en la que se encuentra MICHEL. SOPHIE trabaja con el ordenador y su agenda. MICHEL repara en unas ramas que están cerca de él)
MICHEL.- ¿Qué es esto?
ANNA.- Enebro. Es un símbolo que quiero pintar junto a ti.
MICHEL.- ¿Un símbolo?
ANNA.- Medea ayudó a Jasón a apoderarse del vellocino de oro, adormeciendo al dragón con pociones de enebro. Su baya está protegida por espinos y a su madera no le ataca la carcoma, por eso se asocia a la castidad (MICHEL la mira con un punto de incredulidad) ¿No me crees?
MICHEL.- No sé.
ANNA.- No suelo mentir. Excepto a algún que otro periodista.
MICHEL.- ¿Mientes a los periodistas?
ANNA.- Depende de quien se trate (Pausa) Recuerdo a una mujer que vino a entrevistarme para una de esas horribles revistas femeninas y lo primero que me pregunto fue: ¿Qué hace usted?
MICHEL.- ¿Qué hiciste?
ANNA.- Le conté que era una condesa rumana, amante de personajes muy importantes y que pensaba desvelar todos sus secretos de alcoba. Se enfado mucho cuando descubrió que era mentira.
SOPHIE.- Con esos periodistas mediocres, hay que tener mucho cuidado.
ANNA.- Los más frustrados se vuelven muy envidiosos. Son como niños aplastando la nariz en el escaparate de una pastelería en la que no pueden entrar.
SOPHIE.- También quieren su pequeño momento de fama.
ANNA.- Lo peor es permanecer siempre en el gris anonimato. Yo rompí pronto con eso, en el internado de monjas.
MICHEL.- (Intrigado y divertido) ¿Cómo?
(ANNA, comienza a retocar el esbozo con gran decisión, al tiempo que cuenta su historia. Tanto el discurso, como la acción del dibujo, las realiza con una mezcla de gran desenvoltura y una buena dosis de rabia creativa. Combinara la acción del dibujo con la de retocar la postura de MICHEL acercándose y jugueteando con él)
ANNA.- Nada más llegar, quedé condenada a formar parte del típico grupo de cotillas dispuestas a explicarte cómo funcionan allí las cosas. De esas con caras planas, anchas y grasientas, con caspa en el uniforme, sabañones y gafas de lechuza. Por mucho que las maltrataba no se apartaban ni con agua hirviendo. Necesitaba destacar en algo y de paso deshacerme de ellas y entonces decidí confesar que había perdido la fe.
MICHEL.- ¿Y qué pasó?
ANNA.- Me dijeron que rezara y contesté que no podía, lo cual era un claro síntoma de pérdida de fe, y entonces, convocaron al capellán. Tenía el rostro afofado de la pereza y estaba convencido de que era por la lectura de ciertos libros. Yo le dije que las dudas habían surgido dentro de mí y discutimos durante seis días, en los que no di mi brazo a torcer ni una sola vez. (SOPHIE, se vuelve a escucharla y observarla) Se supo en todo el colegio lo que estaba pasando. Todos estaban viviendo aquella lucha entre los dos. La directora no paraba de llorar y todo aquello se lleno de una fantástica inquietud por mí. Entonces decidí recuperar la fe y simular la conversión a través de un sueño.
MICHEL.- ¿Por qué de un sueño?
ANNA.- No quería que aquel hombre se llevara el mérito. Una mañana, al ir a comulgar, sentí en su plenitud el placer de mi éxito. Todas las monjas celebraban la recuperación de mi fe y muchas de las niñas estúpidas y distantes que antes me ignoraban, se morían de envidia. A partir de entonces no pararon de invitarme a sus casas durante las vacaciones.
MICHEL.- (Decepcionado) ¿Eso es todo?
ANNA.- Fue como aprender a nadar por primera vez.
(Suena el teléfono móvil de SOPHIE)
SOPHIE.- ¿Sí? (Moviéndose por el espacio y escuchando, sin hablar, durante un buen rato. ANNA sigue con el esbozo) Sí, sí claro... No. Está ilocalizable... Sí, no te preocupes, yo se lo diré... Claro. Sí... Sí, lo entenderá. Adiós.
(SOPHIE mira muy seria a ANNA, que adivina claramente que no entra en la exposición. ANNA continúa su trabajo)
ANNA.- El mejor método de mantenerse a flote es soltar lastre.
SOPHIE.- (Tensa) Si eso te sirve de consuelo.
ANNA.- Todo volverá a su lugar.
SOPHIE.- No he sabido nada de ti en meses y después de volverme loca buscándote, me dicen que estas aquí escondida.
ANNA.- No estoy escondida.
SOPHIE.- ¿Donde duermes? (Señalando el colchón del fondo) ¿Ahí?
ANNA.- No.
SOPHIE.- Ni siquiera tienes un cuarto de baño.
ANNA.- ¡Sí lo tengo! ¡Es un pequeño cuarto que está ahí dentro, cerca de donde duermo! (Señala hacia una esquina a la izquierda del gran ventana) ¿Quieres inspeccionarlo?
SOPHIE.- No hace falta, me lo imagino.
ANNA.- ¡Siempre escrutándolo y analizándolo todo! ¡Adivinando si estás inquieta, distraída o enferma!
SOPHIE.- ¿Lo estás?
ANNA.- ¿El qué?
SOPHIE.- Todo eso que has dicho.
ANNA.- (Agobiada) ¡Por favor!
SOPHIE.- No te entiendo. Llevas más de dos años así y esa exposición de Armand ha sido otra oportunidad perdida.
ANNA.- No tengo nada que ofrecer.
SOPHIE.- Aún tienes material.
ANNA.- Quiero crear algo nuevo.
SOPHIE.- ¿Aquí?
ANNA.- ¡Sí, aquí!
SOPHIE.- Estas atrapada en esta especie de santuario deprimente (Señalando los objetos) Rodeada de botellas de vino, objetos perdidos (Mirando al MICHEL) y de algún que otro muñeco nuevo (Observando el espacio) El enorme cuarto de juegos que nunca tuviste.
ANNA.- (Dolida) Será mejor que te vayas.
SOPHIE.- De acuerdo (SOPHIE se dirige a recoger su material y se fija en MICHEL) ¿Por qué estas escuchando todo esto?
(MICHEL la sonríe con descaro y SOPHIE, repara por el ventanal en alguien que está afuera. Le hace señas de que entre por el otro lado)
ANNA.- ¿Quién viene?
SOPHIE.- Es Lucie.
(LUCIE entra tímidamente en el espacio. Aparenta menos de veinte años. Su aspecto da impresión de dulce y vulnerable. De piel clara, pelo negro y grandes ojos oscuros. Lleva un vestido estampado de verano muy ligero. Nada más entrar, se produce en ANNA un fuerte interés hacia ella)
SOPHIE.- Lucie, ella es Anna.
LUCIE.- Hola, Anna
ANNA.- Hola.
(LUCIE entra en el espacio de golpe y hasta el fondo. Observa a MICHEL)
LUCIE.- ¿Qué es todo esto?
ANNA.- Mi taller de trabajo (LUCIE, observa todos los materiales) ¿Te gusta?
LUCIE.- Sí (A MICHEL) ¿Eres su modelo?
MICHEL.- (Tapándose) Sí.
LUCIE.- Me encantaría que me pintasen.
SOPHIE.- ¿Dónde has estado?
LUCIE.- Dando vueltas por el bosque.
ANNA.- ¿No te asustaba?
LUCIE.- (Mirando a ANNA intensamente) Claro. Pero si no hubiera ido hoy, no lo hubiera hecho nunca. Los miedos hay que superarlos, cuanto antes.
(ANNA se acerca más a LUCIE y le acaricia suavemente la mejilla)
ANNA.- Te ha quemado el sol.
LUCIE.- (Dulcemente tímida) Un poco.
(SOPHIE coge su maletín y se dirige a la salida exterior)
ANNA.- ¿Dónde vas?
SOPHIE.- Recuerda querida que me has expulsado de tu santuario.
(Quedan en silencio unos instantes. ANNA sonríe)
ANNA.- (Mirando con descaro a LUCIE) Estaba enfadada pero ya paso. Si tenéis hambre conozco un lugar ideal.
LUCIE.- (Dirigiéndose a la puerta a saltitos) ¡Bien! ¿A qué esperamos? ¿Vamos?
ANNA.- Michel cuidara del taller hasta que volvamos.
MICHEL.- Yo también tengo hambre.
ANNA.- Te traeremos algo.
LUCIE.- (Sonriendo) Adiós Michel.
(MICHEL queda solo en el espacio. Al salir ellas, se dirige hacia su retrato, lo observa unos instantes y también toquetea parte del material de pintura. Al entrar el OSCURO, sonidos mar y piano entran también con él y sobre el alto de la pared del fondo se proyectan imágenes de SOPHIE conduciendo con fondo de bosques y LUCIE entre los arboles. Y de ambas en el exterior del almacén con fondo de mar)
II
(Desde el sonido del mar entra la luz que penetra esta vez por los ventanales altos, no visibles, del fondo. Mismo espacio. Sobre el atril hay colocada una tela tapando el cuadro y la pequeña silla esta cerca del pequeño cajón central. Finales de Junio. ANNA está preparando la mesa para comer. Lo único que ha variado en su vestuario es la camiseta que ahora es otra. Al poco rato se oye el ruido de un motor en el exterior. SOPHIE aparece vistiendo un elegante modelo veraniego)
SOPHIE.- ¿No está contigo Lucie?
ANNA. - No.
SOPHIE. - Dijo que vendría aquí esta mañana.
ANNA.- Pues no ha aparecido.
SOPHIE.- ¿Y Michel?
ANNA.- Ahora vendrá.
(SOPHIE observa la pintura y se acerca directamente a ella. Lo que ve, le produce un impacto de sorpresa y admiración. Observa con gran interés y atención)
SOPHIE.- Son Michel y Lucie, pero con los cuerpos desproporcionados y los rostros envejecidos (Pausa) ¿Qué llevan en la cabeza? ¿Son amapolas?
ANNA.- Sí.
SOPHIE.- Abajo has dejado un espacio en blanco.
ANNA.- Escribiré una frase.
SOPHIE.- Sus gestos están forzadísimos.
ANNA.- Son jóvenes ociosos, atrapados por la apatía y forzados a posar.
SOPHIE.- ¿Qué dirá esa frase?
ANNA.- Será uno de esos lemas publicitarios imposibles de conseguir. Algo frustrante.
(SOPHIE, no deja de mirar la tela con gran interés)
SOPHIE.- Tienen algo de terrible, sobre todo Lucie.
ANNA.- Toda ella lo es.
(SOPHIE sigue observando el cuadro. Al poco tiempo, se oyen risas y voces en el exterior. Entran MICHEL y LUCIE. MICHEL está con su traje de baño y una toalla. LUCIE aparece con el pelo mojado y su ropa interior en la mano. Se aprecia el contorno de su cuerpo desnudo debajo del vestido, en parte mojado, con el que apareció por primera vez. MICHEL y LUCIE conversan y ríen en voz baja)
SOPHIE.- ¿De dónde venís?
LUCIE.- Encontré a Michel esta mañana y nos fuimos a bañar.
SOPHIE.- (A LUCIE) ¿No has traído otra cosa que no sea ese vestido?
(LUCIE y MICHEL, ríen, con cierto grado de vergüenza)
ANNA.- ¿De qué os reís?
SOPHIE.- De mí, seguro.
LUCIE.- (A SOPHIE) Michel sabía que dirías algo del vestido.
SOPHIE.- Lo ves.
ANNA.- (Señalando a un espacio cercano al ventanal) Ahí dentro tenéis ropa seca.
(Los dos jóvenes salen. SOPHIE, ayuda a ANNA con la mesa. Hay un gran bol con ensalada, varios tipos de patés, quesos, pan y botellas de vino. ANNA también coloca pétalos de flores en espacios concretos de la mesa. SOPHIE, se fija en el detalle y ANNA repara en ello)
ANNA.- Son de las flores que me traen.
SOPHIE.- Encantadores.
ANNA.- No te burles.
SOPHIE.- Lo digo en serio.
ANNA.- El apetito que sienten por la vida me ayuda a mantener el mío a punto.
SOPHIE.- Y entonces desearías ser mas joven, ¿no?
ANNA.- Mucho más de lo nunca que fui.
SOPHIE.- Estas de nuevo inspirada y eso quiere decir que es el momento perfecto para irme.
ANNA.- Hace solo dos semanas que llegaste.
SOPHIE.- Es suficiente.
ANNA.- ¿Donde irás?
SOPHIE.- Al Norte.
ANNA.- ¿Y Lucie?
SOPHIE.- Se quedara. Es tu regalo.
ANNA.- ¿Así de fácil?
SOPHIE.- Necesitara una justificación especial para aceptarlo, un final donde poder sufrir y hacerse notar.
ANNA.- ¿Y tú?
SOPHIE.- Yo se lo que conviene en cada momento.
(MICHEL y LUCIE entran en el espacio. Visten viejos pantalones de trabajo y también viejas camisetas. Una estética casi calcada de como va ANNA)
MICHEL.- Tengo un hambre terrible.
(SOPHIE y ANNA se miran con complicidad. Se sientan a comer. ANNA y MICHEL comerán con ganas. También son los que más vino beberán. SOPHIE picoteará de vez en cuando y beberá poco. LUCIE apenas comerá y no beberá nada. LUCIE, empieza a jugar con los pétalos)
LUCIE.- (A SOPHIE) Llevamos coronas de flores en el cuadro.
SOPHIE.- Son amapolas.
ANNA.- En Grecia, el dios del sueño, Hipno, es representado con la cabeza ceñida con una corona de amapolas y Ovidio...
MICHEL.- ¿Ovidio?
LUCIE.- Un poeta.
ANNA.- Ovidio, en una de sus obras, La Metamorfosis, ve el reino del Sueño como un antro escondido, lleno de amapolas.
LUCIE.- (A ANNA) ¿Siempre has pintado ese tipo de cuadros?
ANNA.- No. Empecé con paisajes de líneas muy simples.
LUCIE.- ¿Cómo eran?
ANNA.- Eran naturalezas muy simples, con composiciones hechas de vacíos.
LUCIE.- Porque antes tú eras así (ANNA, se sorprende) ¿No?
ANNA.- (Misteriosa) No sé.
(LUCIE mira a SOPHIE, buscando una respuesta)
SOPHIE.- (Falsamente molesta) Aún no la conocía.
LUCIE.- ¿Y después?
ANNA.- Necesitaba encontrar algo distinto. Tuve la suerte de conocer a Sophie y empecé a buscar en los retratos.
MICHEL.- ¿A gente famosa?
ANNA.- ¿Qué?
MICHEL.- Los retratos.
ANNA.- No.
MICHEL.- ¿A ricos?
SOPHIE.- Los ricos son los menos interesantes para retratar.
MICHEL.- ¿Por qué?
SOPHIE.- (A ANNA con falsa intención) Apenas les quedan instintos que mostrar. Eran sobre todo adolescentes con los rostros medio borrados (Con intención a LUCIE) Transmitían una maravillosa y violenta indiferencia.
LUCIE.- (Interesada) No tienes aquí ninguno.
SOPHIE.- (Orgullosa) Están todos vendidos querida
MICHEL.- ¿Cuándo acabarás ése?
ANNA.- Pronto.
LUCIE.- ¿Qué pondrás de fondo?
ANNA.- La periferia de una ciudad portuaria, llena de esas naves industriales.
LUCIE.- (Gustándole) Sórdidas y misteriosas.
(ANNA afirma con un gesto. SOPHIE se muestra falsamente ofendida y LUCIE disfruta de ello riéndose descaradamente)
ANNA.- Estamos un poco locas.
SOPHIE.- Que feliz coincidencia. Es evidente que la cordura esta de sobra en este lugar. Así que no habrá otro remedio que salir de aquí.
(SOPHIE se levanta con solemnidad. LUCIE ríe aún más y MICHEL ríe también)
ANNA.- Creo que Sophie se ha cansado de Las Landas y nos abandona.
LUCIE.- (Sorprendida) ¿Cuándo?
SOPHIE.- Hoy mismo.
LUCIE.- (Afectada. Mirando a ANNA) ¿Es cierto?
SOPHIE.- El calor es agobiante y además empiezo a resultar demasiado transparente y previsible (LUCIE comprendiéndolo, se levanta de la mesa y sale corriendo al exterior. ANNA se levanta y mira el portón cerca del atril) Ya esta (A MICHEL que ha contemplado la escena sin entender nada hasta el momento. Con intención) No hay mejor forma para conservar el placer, que multiplicar las idas y venidas, recuérdalo.
ANNA.- Si fuera tan joven como ella, yo también lo haría.
SOPHIE.- Tú aún lo haces.
ANNA.- (Acercándose a SOPHIE) Te voy a echar de menos.
SOPHIE.- No seas embustera.
ANNA.- (Mirando hacia el exterior) En Septiembre, el aire, traerá hasta aquí la espuma de las olas.
SOPHIE.- ¿Aún estarás para verlo?
ANNA.- Cuando eso ocurra, me iré.
SOPHIE.- Entonces, vendré a recogerte. Lucie tiene pagada la habitación lo que queda del mes, pero no creo que la vaya a utilizar (Besando a ANNA) Adiós cariño.
SOPHIE. - (A MICHEL) Adiós Michel.
MICHEL. - (Sin moverse) Adiós.
SOPHIE.- (Mirando al exterior. Antes de salir) Que cerca esta del mar. Parece estar a punto de perderse en el.
(SOPHIE sale del espacio. ANNA, queda mirando el exterior. Al poco se oye el ruido de un motor alejándose. Queda pensativa. Silencio. Un fuerte ruido de mar, produce un estremecimiento en ella. MICHEL se dirige hacia ANNA y al sentirle cerca reacciona)
ANNA.- (Tensa) ¿Qué?
MICHEL.- (Cortado) Nada.
(La mirada violenta de ANNA, hace qué MICHEL se aleje y comience a moverse por el espacio sin saber qué hacer. ANNA le observa con marcada superioridad)
ANNA.- Tenemos que buscarte alguna ocupación.
MICHEL.- ¿Por qué?
ANNA.- No puedes dedicar tanto tiempo a vaguear.
MICHEL.- (Enfadado) Ya he trabajado bastante este invierno en una horrible fábrica. Me pasaba allí dentro, todo el día colocando...
ANNA.- (Cortante) No quiero saberlo.
MICHEL.- (Rabia) Vale.
(ANNA, va a por una copa de vino, pero cambia de opinión)
ANNA.- (Busca por el espacio) Necesito algo más fuerte.
MICHEL.- Lo tienes detrás de las cajas.
(ANNA, busca detrás de unas cajas del fondo y saca una botella de licor. Se sirve un vaso y lo bebe de un trago. Silencio. Vuelve a oírse el fuerte ruido del mar)
ANNA.- No soporto ese ruido (Silencio y ruido de mar) ¡Cierra ese maldito portón!
(Mientras ANNA se sirve otro vaso, MICHEL se dirige a cerrar el portón. ANNA va hacia el caballete y contempla la obra. Se oye el ruido del portón cerrándose. MICHEL, al regresar, observa también la pintura)
ANNA.- ¿Te gusta? (Silencio) ¿Te gusta?
MICHEL.- Sí.
ANNA.- ¿Por qué?
MICHEL.- No lo sé.
ANNA.- Porque estas tú.
MICHEL.- Ese no soy yo.
ANNA. - ¿Ah, no?
MICHEL.- (Triste) Es lo que tú crees que soy.
ANNA.- Pobre Michel.
MICHEL.- (Ofendido y agobiado) Me voy.
(MICHEL, sale. Se oye el ruido de apertura del portón)
ANNA.- (Orden) ¡No, quédate! (MICHEL no aparece) ¡Por favor! (El joven entra) ¿Por qué no pones un poco de música?
(MICHEL se dirige a la caja. Rebusca en ella y saca algunos CD. ANNA, queda observando a través del ventanal)
MICHEL.- ¿Qué pongo?
ANNA.- Lo que quieras.
(MICHEL mira los CD, sin reconocer nada. Al final se decide por uno. Suena un tema de soul. La canción, aparte de su belleza, tendrá un denso aire nostálgico y exaltado que acabará cansando a MICHEL, casi desde su inicio. ANNA sale de su ensimismamiento y repara en la canción)
ANNA.- (Sirviéndose otra copa) ¡Súbelo, súbelo más!
(MICHEL sube el volumen. ANNA escucha moviéndose y sintiendo la música con los ojos cerrados. MICHEL. En su rostro, se refleja un gesto de impotencia triste y desganada. Se levanta y tapa más el cuadro. En ese instante, LUCIE aparece con un alterado estado de nervios. Durante unos instantes es solo MICHEL quien la ve. Ninguno de los dos dice nada. LUCIE observa a ANNA)
MICHEL.- Anna.
ANNA.- (Volviéndose) Sí (Descubre a LUCIE) ¿Qué ha pasado?
(Su aspecto desvalido es muy patente y su voz suena débil y delirante)
LUCIE.- Tengo mucho calor.
ANNA.- (Acercándose e ANNA) ¡Pero si estás temblando!
LUCIE.- Sí.
ANNA.- ¿De dónde vienes?
(LUCIE habla en medio de un fuerte estado de ansiedad)
LUCIE.- Vi salir a Sophie, pero no pude ir hacia ella... No quise... Esperé a que se fuera. Luego corrí por el bosque y no pare... no paré de pensar...
ANNA.- (Acercándola a una silla) Vamos, siéntate.
LUCIE.- Pensé que tú tampoco querías que estuviera aquí.
ANNA.- No seas tonta.
LUCIE.- En los sueños imaginamos lo bello en su estado más puro, pero si se convirtiera en realidad..., nos aniquilaría al instante.
ANNA.- Necesitas descansar.
LUCIE.- Tengo frío. No me dejes sola.
ANNA.- (Levantándola) Vamos. No te preocupes.
LUCIE.- (Temblando) Quédate junto a mí y háblame.
ANNA.- (Calmándola) Ahora descansaras y no me apartare de tu lado. Te hablaré suavemente, como si cayera la lluvia del otoño.
LUCIE.- Lejos de aquí.
ANNA.- Muy lejos de aquí (MICHEL contempla la escena sintiéndose como un intruso. ANNA, antes de salir con LUCIE, se vuelve a MICHEL)
ANNA.- ¿Vendrás mañana?
MICHEL.- Sí tú quieres.
ANNA.- Las dos necesitamos conectar de vez en cuando con la realidad.
MICHEL.- Claro.
(MICHEL ve como salen del espacio. Queda cerca del cuadro al que vuelve a echar otro vistazo. Sonido de mar y saxo al tiempo que se hace lentamente el OSCURO. Sobre el fondo se proyectan imágenes de LUCIE y de MICHEL en la playa)
III
(Mismo espacio. La mesa esta recogida y limpia y sobre ella una botella de vino abierta con un par de vasos. El atril recogido y el pequeño colchón medio abierto. La luz, penetra en el taller por los ventanales del fondo, al sur. ANNA, viste un mono azul de trabajo, desabrochado por arriba, dejando ver una camiseta de tirantes. Está sentada en un taburete cerca de la mesa y bebe vino en medio de un suave sopor alcohólico. Entra LUCIE con unas bolsas de compra. Viste una camisa y un pantalón de ANNA. Durante un buen rato observa a ANNA, que repara en ella. Se dirige molesta a LUCIE, sin ni siquiera mirarla)
ANNA.- Vas a quedarte ahí, mirándome todo el tiempo.
(LUCIE se dirige a la mesa y deja las bolsas)
LUCIE.- He vuelto a ver a ese hombre, a Paul y me pregunto por ti. Luego me acompaño un rato.
ANNA.- (Disimulado interés) ¿Ah, sí?
LUCIE.- Michel dice que lo recuerda desde pequeño. Que paseaba a caballo y tenía una casa enorme llena de animales (ANNA sonríe al recordar) ¿Fuisteis amantes?
ANNA.- Hace mucho de eso.
LUCIE.- ¿Cómo fue? (Silencio) ¿No quieres recordarlo?
ANNA.- (Bebe) Nunca pensé que pudiera seguir por aquí.
LUCIE.- Eso no puede distraerte.
ANNA.- ¿Qué quieres decir?
LUCIE.- Tienes que seguir pintando.
ANNA.- No he dejado de hacerlo.
LUCIE.- ¿El retrato de Michel?
ANNA.- Lo acabaré.
LUCIE.- Hace ya un mes que lo empezaste y no has avanzado nada.
ANNA.- Lo se.
LUCIE ¿Y en el que estamos los dos?
ANNA.- (Molesta) Pronto estará.
LUCIE.- ¿Cuándo?
ANNA.- (Violenta) ¡Deja de interrogarme! (LUCIE, se dirige hacia la salida) ¿Dónde vas?
LUCIE.- Fuera.
ANNA.- No quiero que conmigo hagas eso.
LUCIE.- ¿El qué?
ANNA.- Irte así.
LUCIE.- (Segura y altiva) Me iré cuando y como quiera.
(LUCIE observa a ANNA con mucho descaro. A ANNA le resulta divertido y muy atractivo. Se observan en silencio)
ANNA.- ¿Cómo eras de pequeña?
LUCIE.- Aún lo soy.
ANNA.- Claro.
LUCIE.- ¿Cómo eras tú?
ANNA.- Triste.
LUCIE.- No es cierto.
ANNA.- El recuerdo hace a la infancia más hermosa, pero si pudiéramos contarla mientras la vivimos, seria dramática.
LUCIE.- Eso quedará muy bien en tu biografía.
(A ANNA le molesta la respuesta irónica de LUCIE, pero decide ignorarla)
ANNA.- El dolor es tan elemental como el fuego o el hielo y tienes que empezar a aprender de él.
LUCIE.- He aprendido que se parece mucho al amor. Los dos vienen y se van por su propia cuenta, como si obedecieran a unas leyes oscuras y secretas.
ANNA.- Tienes un interés cambiante por las cosas. Y además, estás demasiado fascinada por esa fuerza que de vez en cuando liberas.
LUCIE.- Ahora estás hablando de ti.
ANNA.- Seguramente (Se echa un trago) Vamos ven aquí.
LUCIE.- Lo haré si dejas de beber.
ANNA.- Sí hablo, bebo mucho menos. Pero eso solo ocurrirá sí te quedas (LUCIE se sienta en una silla cercad del atril) Cuéntame algo divertido de tu infancia.
LUCIE.- Cuando murió mi padre, pasé mucho tiempo haciendo a mi madre la misma pregunta.
ANNA.- ¿Cuál?
LUCIE.- ¿Vendrá papá a verme cuando haya terminado de estar muerto?
ANNA.- No entiendo qué tiene de divertido. Imagino que hay que haber bebido un poco más para encontrarle la gracia (Bebe otro trago y LUCIE se recoge en su silla en un marcado gesto de tristeza. Escucha con atención a ANNA, que habla con un ligero tono embriagado, pero fluido y seguro) Sí lo único que tienes en el mundo es una única pena, siempre te aferrarás con fuerza a ella y acabarás en el mismo punto del que partiste (LUCIE cambia de postura y parte de su figura queda iluminada por la luz del sol que ha cobrado más intensidad) Esa primera pena es un maldito imán que siempre llevarás contigo, pero no puedes estar dando vueltas a su alrededor constantemente. Tienes que buscar una segunda tragedia interior (Observa a LUCIE y queda atraída por su figura iluminada) Eso te hará madurar.
LUCIE.- ¿Tú lo has hecho?
ANNA.- (Distraída observándola) ¿El qué?
LUCIE.- Buscar esa segunda tragedia.
ANNA.- Claro.
(LUCIE disfruta de la luz, sintiéndose acariciada por ella)
LUCIE.- ¿Y la felicidad?
ANNA.- ¿Tú crees en ella?
LUCIE.- Solo cuando es inesperada.
(LUCIE se desabrocha varios botones de su camisa, descubriendo sus hombros. ANNA se levanta y recoge una tabla de esbozos)
ANNA.- ¿Por qué?
LUCIE.- Así no siento ningún remordimiento por haberla creado yo misma.
(ANNA, comienza, con decisión, el esbozo de la imagen de LUCIE. Pero LUCIE, vuelve a subirse la camisa)
LUCIE.- No quiero que me pintes como la otra vez.
ANNA.- Creí que no te importaba.
LUCIE.- Yo no soy así.
ANNA.- Aún no.
LUCIE.- Nunca seré así.
ANNA.- Aún tienes el aspecto que te ha dado la naturaleza. Luego tendrás el que té de la vida, como a mí y después, las dos, tendremos el que nos merecemos.
LUCIE.- Queda mucho tiempo para eso.
(ANNA se acerca a LUCIE y baja suavemente de nuevo su camisa)
ANNA.- El tiempo no tiene nada que ver. Se puede alcanzar ese aspecto mucho antes de lo que imaginas.
LUCIE.- En tus cuadros.
ANNA.- Por ejemplo.
LUCIE.- (Coge la mano de ANNA) Yo también puedo cuidar de ti.
(Las dos están muy cerca. Durante un corto instante, las miradas son muy intensas, pero después de una suave caricia a LUCIE, ANNA vuelve al caballete)
ANNA.- Será mejor que permanezcamos así.
LUCIE.- Extraños en una eterna proximidad.
(Silencio. ANNA, continúa con el esbozo, concentrada y con energía. En ese instante entra MICHEL)
MICHEL.- Hola.
(MICHEL no acaba de entrar definitivamente en el espacio. Observa a las dos)
LUCIE.- Me esta pintando antes de que tenga el rostro que merezco.
MICHEL.- ¿Qué?
ANNA.- No confundas a Michel.
(MICHEL se acerca al esbozo y ANNA le hace un gesto de que la bese en la mejilla. MICHEL se acerca y la besa)
ANNA.- Ya que estas aquí, lléname el vaso, por favor.
LUCIE.- (Desganada) ¡No!
ANNA.- No le hagas caso.
(MICHEL llena el vaso, se lo da a ANNA y observa el dibujo)
MICHEL.- No tiene nada alrededor.
ANNA.- ¿Qué quieres que tenga?
MICHEL.- Alguno de tus símbolos.
ANNA.- Buscaremos uno apropiado.
LUCIE.- ¿Cuál?
ANNA.- (A MICHEL) ¿Tú, qué opinas?
MICHEL.- No sé.
ANNA.- ¿Seguro?
MICHEL.- (Mirando a LUCIE) ¿Algo sobre el deseo?
ANNA.- ¿Ah, sí? ¡Vaya!. Puede haber muchos objetos para el deseo. Y el deseo es también una energía que puede llevarse a los objetos.
LUCIE.- Como en las perversiones.
ANNA.- Un avaro puede amar con deseo su riqueza y un soldado sus medallas, como símbolo de victoria. La toma de una ciudad tiene mucho de violación.
LUCIE.- Muchas mujeres queman su deseo en loros, perros, gatos, sobrinos o suelos encerados.
(ANNA ríe la ocurrencia de LUCIE)
MICHEL.- O han querido estar así.
ANNA.- ¿Así?
MICHEL.- Sin hacerlo, porque quieren.
ANNA.- ¿Castas?
MICHEL.- Sí.
ANNA.- Las que hacen eso, nunca reciben el fruto de la castidad, porque no son castas. No hay castidad si no hay desapego (MICHEL se sienta en el colchón doblado como un niño enfadado. ANNA deja de dibujar) A veces, el deseo tiene también el aspecto del asco. De pequeña, oí desde el balcón unos gemidos que venían de abajo de mi casa, entonces me colgué de una barandilla y por una grieta pude verlos.
LUCIE.- ¿Qué viste?
ANNA.- La mujer estaba abierta de brazos y piernas con un tipo encima de ella, embistiendo con fuerza hasta que su cuerpo quedo flácido. Después, se limpiaron la entrepierna con servilletas de papel y quedaron allí tumbados con los cuerpos sudorosos, rojos y deformes, como salidos de un cuadro de Francis Bacon.
LUCIE.- Serian dos amantes secretos.
ANNA.- ¿Por qué?
LUCIE.- No me pega que fueran un matrimonio o una pareja. Es algo más clandestino y lujurioso.
ANNA.- El adulterio tiene a menudo más de revancha que de lujuria. No se trata con quién, sino a quien engañes.
LUCIE.- ¿No sigues dibujando?
ANNA.- Yo tuve un amante, que cuando me mostraba demasiado salvaje, llegaba a pegarme, pero sabía cómo hacerlo.
MICHEL.- (Sorprendido) ¿Qué quieres decir?
ANNA.- Que un hombre que descontrola no pega igual. Éste golpeaba de vez en cuando, solo para asegurar su autoridad.
MICHEL.- Es asqueroso.
(ANNA, sonríe burlona. MICHEL se enfada y ANNA le observa)
MICHEL.- Nunca sé cuándo hablas en serio.
ANNA.- Siempre lo hago, hasta cuando miento.
LUCIE.- ¿No vas a seguir?
ANNA.- No me apetece.
LUCIE.- (Seria) ¿Por qué?
ANNA.- Estoy muy desconcentrada.
(ANNA se levanta y observa con mucha atención a MICHEL)
LUCIE.- Pues deja de beber.
ANNA.- Si no puedo pintar y no me dejas beber, solo puedo hacer una cosa (A MICHEL) ¿Vamos a follar?
MICHEL.- ¿Qué?
ANNA.- Tú y yo.
MICHEL.- ¿Ahora?
ANNA.- Quiero hacerlo ahora, sí.
MICHEL.- (Cortado) Yo,...
ANNA.- (Sorprendida) ¿No?
MICHEL.- ¿Aquí dentro?
ANNA.- (Marcadamente descarada) ¿Quieres que se me llene el culo de arena?
(MICHEL se queda parado sin reaccionar) ¡Parece que te esté pidiendo un favor!
MICHEL.- No, no es eso.
ANNA.- ¿Entonces?
MICHEL.- (Cortado) Bueno.
ANNA.- Eres todo pasión.
MICHEL.- (Enfadado) Vamos.
ANNA.- (Descarada) Entra (Silencio. MICHEL cortado. Más suave) Entra
(ANNA invita con un gesto a que MICHEL pase al pequeño cuarto y salen los dos. LUCIE queda unos instantes, esperando entrar también. ANNA la sonríe con maldad. Lucie queda mirando cómo se van. Al oírse unos ruidos procedentes de la habitación, se dirige rápidamente al equipo de música y lo enciende. Suena una pieza de opereta alemana cantada por una mujer que sube a un buen volumen. Después, observa el espacio dibujado. Al poco, se levanta, coloca una silla cerca de la suya del posado y va hasta el fondo. Allí coge un estrecho espejo de cuerpo y lo coloca en la nueva silla. Observa desde la silla de ANNA. Aparta la silla y coloca allí un caballete con la tela. Observa desde la posición del caballete y vuelve a colocar el espejo. Repite la operación varias veces hasta poder ver su reflejo desde el caballete. Vuelve a observar el conjunto desde el caballete. En ese momento, se oyen las risas entrecortadas de ANNA, cada vez más fuertes. Quita la música para oír que pasa. Sale MICHEL nervioso y enfadado con la camiseta en la mano y abrochándose los pantalones. Mira a LUCIE como buscando una imposible explicación y sale del espacio. Al poco, aparece ANNA riéndose, con una sábana sobre su cuerpo desnudo)
ANNA.- ¡Michel, espera! (Queda mirando al exterior unos instantes. Ríe) Se va corriendo. Pobre Michel (Al volverse, repara en LUCIE y la observa esperando alguna reacción) Debí ser más delicada. Estaba demasiado tenso (ANNA no puede reprimir de nuevo la risa) He sido muy mala.
LUCIE.- (Muy descarada) Te queda muy bien esa sábana (Señalando el espejo) Mírate (ANNA, se dirige al espejo. Se observa y tontea con la tela sobre su cuerpo, dejándola caer levemente, hasta dejar entrever sus pechos) Hazlo desde el caballete (LUCIE, vuelve a colocarse en la silla y coge exactamente la misma postura del posado. Se desabrocha toda la camisa, desnudando más sus pechos. ANNA, descubre entonces la combinación de su figura reflejada y la de LUCIE, formando parte del mismo conjunto)
ANNA.- Eres un pequeño diablo.
LUCIE.- ¿Me pintaras así, junto a ti?
ANNA.- No lo se. Me duele la cabeza. No debí tratar así a Michel (ANNA se dirige hacia el portón de salida. Una potente luz de atardecer empieza a aparecer e ilumina su figura. Silencio) ¿Vas a ver estos días a Paul?
LUCIE.- Seguramente.
ANNA.- Dile que venga a cenar en un par de semanas.
LUCIE.- ¿Por qué tan tarde?
ANNA.- Tengo que acabar los cuadros (ANNA abre la sabana que le cubre y siente el placer del calor del sol sobre su cuerpo) Hoy el mar esta sereno y tranquilo.
(Al tiempo que deja caer la sabana sale desnuda al exterior, fuera del espacio. Aún suena suavemente la música. Cuando LUCIE se levanta a observarla intensamente, recoge la sabana y se vuelve al taburete de ANNA para taparse con ella mientras entra lentamente el OSCURO. Un suave punteo de guitarra pop acompaña las imágenes de PAUL acercándose por las dunas)
IV
(El mismo espacio con la misma disposición espacial, excepto el caballete con la tela que se encuentra al fondo y varios cuadros tapados por telas. Han pasado un par de semanas. ANNA se encuentra limpiando intensamente y LUCIE la ayuda. Al tiempo que dialogan, irán despejando el espacio central, ordenando el material del fondo y el camastro con las cosas de LUCIE. Una luz cálida de atardecer aparece por los ventanales al fondo derecha del escenario. Las dos van vestidas con ropa de trabajo. ANNA se encuentra nerviosa)
ANNA.- ¿Has visto a Michel estos días?
LUCIE.- Sí.
ANNA.- (Molesta) No me has dicho nada.
LUCIE.- Me pidió que no te lo dijera.
ANNA.- (Enfadada) Y le has obedecido muy bien.
LUCIE.- Ya ves que no.
ANNA.- ¿Cómo que no?
LUCIE.- Te lo estoy contando.
ANNA.- Porque yo te lo he sacado.
LUCIE.- (Irónica) Te ha costado muchísimo. (ANNA la ignora) Estuvimos hablando de muchas cosas.
ANNA.- ¿Ah, sí?
LUCIE.- (Pícara) Sobre todo de ti. Los que más te criticamos fuimos Michel y yo, Paul apenas dijo nada.
ANNA.- (Muy seria) ¿Paul estaba con vosotros?
LUCIE.- Sí. Hemos coincidido los tres alguna vez.
ANNA.- (Preocupada) ¿Qué dijisteis de mí?
LUCIE.- (Divertida y misteriosa) Cosas.
ANNA.- (Muy seria) ¿Qué cosas?
LUCIE.- (Misteriosa) ¡Ah!
ANNA.- ¿Qué contó Paul?
LUCIE.- (Curiosa) ¿Qué tenía que contarnos Paul?
ANNA.- ¿Michel dijo algo de lo que ocurrió la otra noche?
LUCIE.- ¿Sobre qué?
ANNA.- ¡No te hagas la tonta! ¿Contó por qué salió de aquí corriendo?
LUCIE.- ¿Lo de la habitación?
ANNA.- (Alterada) Sí.
LUCIE.- No, claro (Bromeando) Bueno, no sé si se me escapo algo.
ANNA.- (Cogiéndola violentamente del brazo) ¡Escucha pequeño monstruo! ¡Tienes que saber muy bien al lado de quién estas! (LUCIE ha quedado tensa, sin saber reaccionar. Zarandeándola) ¿Me entiendes? (LUCIE, asustada comienza a llorar) ¡No llores! ¡De nada te sirve ahora llorar!
LUCIE.- (Revolviéndose) ¡Suelta!, ¡Suéltame!
(LUCIE se suelta va a salir del taller pero se queda sentada al fondo)
ANNA.- ¡Mierda!
(Durante un buen espacio de tiempo queda mirando el exterior desde dentro como esperando ver aparecer a alguien. En ese instante entra PAUL que lleva una bolsa en su mano. Es alto y delgado, de pelo gris y muy corto. Viste una americana gris, pantalón de algodón y una camiseta negra. Pasa de los cuarenta, pero tanto su rostro cuidado y bronceado, como sus gestos y movimientos, guardan cierta insolencia y vitalismo juvenil incrementados por una ligera alegría producida por la bebida. Se acerca a LUCIE y la acaricia)
PAUL.- Hola, Anna.
ANNA.- Hola Paul. No has cambiado mucho.
(No se acercan. PAUL observa el espacio)
PAUL.- Siempre te gustó este lugar, entre el bosque y el mar.
ANNA.- No pertenece a ninguno de los dos.
PAUL.- He venido con Michel.
ANNA.- ¿Dónde está?
PAUL.- Por ahí afuera (A LUCIE) ¿Estas bien?
ANNA.- Ayúdame a colocar la mesa.
(ANNA, saca la comida y los cubiertos. En ese instante, LUCIE comienza a guardar las pocas cosas que tiene en su pequeña bolsa y va a salir del espacio)
ANNA.- ¿Dónde piensas ir?
LUCIE.- ¿Crees que no puedo encontrar dónde?
ANNA.- Seguro que sí.
LUCIE.- Con Paul, por ejemplo (A PAUL) ¿No es verdad, Paul?
PAUL.- Sí a Anna no le importa.
ANNA.- Paul ya sabe lo que es recoger y cuidar a una jovencita despistada (Silencio) Sabrá cuidarte mejor que yo.
(LUCIE mira a ANNA como un pequeño animal abandonado y rompe a llorar)
LUCIE.- Todos os queréis deshacer de mí (Pausa) Me voy.
ANNA.- Espera (Se observan sin decirse nada. LUCIE se levanta para irse y se dirige a la salida) Quédate (Silencio. Sin mirarla. Misteriosa) Por lo menos esta noche. Después puedes hacer lo que quieras (LUCIE, regresa y MICHEL aparece en el espacio, rondando cerca de la entrada) Mientras Michel se decide a entrar, Lucie y yo iremos a cambiarnos (A LUCIE, ofreciéndole su mano) Coge tu vestido, vamos a ponernos guapas para estos dos caballeros.
(LUCI coge la mano de ANNA y salen hacia su cuarto)
PAUL.- (A MICHEL) ¿Una copa de vino?
MICHEL.- Sí, gracias (PAUL, saca unas botellas de su bolsa. Abre una de ellas y sirve el vino) ¿Te importa que ponga música?
MICHEL.- No, claro.
(Suena la música. Es un tema de jazz con la voz de un cantante de tono dulce y vulnerable. MICHEL observa el exterior. Caen las luces del atardecer y aparece el suave azul del crepúsculo. Su postura detona un impulso interno de querer salir)
PAUL.- Brindemos por la divina belleza.
MICHEL.- No creo que la belleza tenga nada de divino.
PAUL.- Hay algo que atrae a la carne hacia lo divino. Queremos poseer carnalmente un alma, pero al ser algo tan valioso, pensamos que conviene no satisfacerlo. Como cuando creemos que hemos hecho algo terrible al comer algo muy delicioso a la vista. Sentimos que algo delicioso a los sentidos, pero no probado por el gusto, se acerca más a la belleza. Lo bello excita de manera misteriosa los sentidos no implicados en su comprensión. Por ejemplo, la pintura excita también, de algún modo, el oído, el olfato o el tacto.
(En ese instante, LUCIE, sale con el vestido con el que llego. Tiene el pelo mojado, peinado hacia atrás y maquillada. PAUL la descubre y la silba. MICHEL repara en ella también)
LUCIE.- Estoy rara.
PAUL.- Estás muy bien.
MICHEL.- Es verdad.
LUCIE.- (Tapándose) No es verdad.
(MICHEL y PAUL ríen la ocurrencia de taparse)
LUCIE.- (Acercándose a ellos) Lo veis, os hago gracia.
(En ese instante, aparece ANNA perfectamente maquillada, con el pelo engominado hacia atrás y con un precioso vestido de verano que realza a la perfección todo su atractivo. Da una vuelta sobre sí misma)
ANNA.- ¿Qué tal?
PAUL.- Encantadora.
ANNA.- Mira a mis dos pequeños (Los dos jóvenes se muestran como dos niños pequeños enfadados) ¿Aún estáis enfadados? Soy muy mala ¿Me habéis dejado de querer? (Silencio. Los dos jóvenes se miran. Silencio) Ahora sois vosotros los malos y me vais a hacer llorar (ANNA va a su encuentro. Comienza a acariciar sus rostros y a besarlos dulcemente. LUCIE busca sus labios y ANNA interrumpe bruscamente la acción) ¡Vamos a cenar!
(ANNA enciende los pequeños focos colocados en una barra vertical que iluminan la mesa. Se sientan a comer. Hay todo tipo de pasteles, fruta y de nuevo quesos y patés. La música sigue sonando de fondo. Hay una atmosfera de mutua observación. Es PAUL el que más bebe)
PAUL.- ¿Venderás todos los cuadros?
ANNA.- Me quedaré con uno de ellos.
PAUL.- ¿Con cuál?
(Los dos jóvenes están a la expectativa. ANNA enciende otros focos que iluminan una parte del espacio donde no están)
ANNA.- Aún no lo sé.
PAUL.- Aún no los he visto, pero seguro que no sabría decidirme (Los dos muchachos se muestran nerviosos. PAUL repara en ello) Anna dejo muy pronto de pedirme opinión sobre sus cuadros. La opinión mas valida para ella siempre fue la de la señora Tourvel (Mirando hacia el ventanal) Si no fuera por los árboles, podría verse desde aquí su casa del bosque.
(ANNA se incomoda)
LUCIE.- ¿Quién era?
PAUL.- La señora Tourvel, era una multiviuda a la que sus maridos habían dejado en una envidiable situación financiera y esto le permitió dedicarse a proteger a jóvenes valores artísticos, entre los cuales se encontraba una jovencísima Anna.
LUCIE.- ¿Cuántos años tenía?
PAUL.- Quince.
LUCIE.- (Sorprendida. A ANNA) ¿Sí?
PAUL.- Cuando Anna conoció a la Tourvel, en su casa vivía, entre otros personajes, un escultor ciego y Anna fue su modelo.
LUCIE.- Pero si no veía.
PAUL.- Para reconocerla usaba el tacto. A la Tourvel, le encantaban ese tipo de cosas.
LUCIE.- ¿Aún vive en esa casa?
PAUL.- Murió después de una discusión con su amante. Había bebido una gran cantidad de licor y acabó varios días tumbada en su cama, hablando con gran dificultad. Muchos creyeron que su criada, que a la vez era su amante, la estaba envenenando poco a poco.
LUCIE.- ¿Por qué?
PAUL.- Dicen que para quedarse con la casa donde vivían, que la Tourvel la prometió, o por un asunto sentimental (ANNA se muestra muy tensa en medio de una conversación imparable y casi ansiosa, donde muchas de las palabras de PAUL son dirigidas directamente a ANNA) Fue ella sola la que acabó con su vida. Tomaba medicinas de todo tipo y cuando la depresión se agravó, empezó a mezclarlas con alcohol. Se quedó delgadísima y se pasaba todo el rato retorciéndose las manos. Acabó pidiendo ayuda para matarse, algo que nunca consiguió, hasta que un día reunió fuerzas y se dirigió hacia el mar.
LUCIE.- ¿Cuando ocurrió todo eso?
PAUL.- Hace casi veinte años. Poco después de marcharse Anna a Paris (ANNA, se levanta hacia el ventanal. Pausa) La Tourvel fue una interesante influencia para Anna, a parte de la mía y de las monjas del internado, claro ¿No os ha hablado de su vocación religiosa? (Los jóvenes se sorprenden de la noticia y no responden) Al poco de entrar allí estaba dispuesta a quedarse para siempre (ANNA se vuelve con rabia hacia PAUL) No hay porque avergonzarse de ello. Las monjas tienen algo de bandoleras idealistas. Los grandes pecadores son para ellas todo un reto romántico en medio de una mezcla de horror y admiración.
MICHEL.- (Con intención) Como en tus cuadros.
LUCIE.- (Como MICHEL) Es cierto.
(ANNA esta a punto de reaccionar con rabia pero se calma antes de reaccionar)
ANNA.- Creo que mi próximo retrato será el de un santo.
LUCIE.- ¿Un santo?
ANNA.- Haré un retrato de Michel, torturado como San Sebastián.
LUCIE.- ¿Cómo es?
ANNA.- Se le representa como un joven hermoso y sexualmente ambiguo. Muchos ven las flechas que le penetran como símbolos fálicos. Por eso es el protector de los homosexuales.
MICHEL.- (Ofendido) Yo no tengo nada que ver con eso.
ANNA.- Pues debieras probarlo. El amor con un hombre te aportaría más virilidad. La mayoría de los homosexuales son una banda de cínicos afectados, pero viven peligrosamente, como auténticos hombres (Mirando directamente a PAUL) Admiro su conocimiento de la violencia sexual y hablan mí mismo lenguaje de la pasión y la desesperación, sin análisis fríos, ambiguos y distantes (ANNA fija ahora su mirada en LUCIE y se va acercando lentamente a ella) Sin embargo, en el mundo de Lesbos, no hay esa barbarie del amor, lo que hay, sobre todo, es demasiada solicitud maternal, demasiada dependencia infantil. (Muy cerca de ella) ¡Una especie de regresión entre madre e hijo, de la que hay que huir como de la peste!
(LUCIE sale corriendo al exterior. MICHEL sale en su busca)
ANNA.- ¡Por mí podéis perderos los dos en ese puto océano!
(ANNA vuelve a la mesa y se sirve una copa de vino)
PAUL.- Estáis los tres muy unidos.
(ANNA adopta una insospechada tranquilidad, incluso asoma a su rostro una ligera sonrisa)
ANNA.- Son parte de mi inspiración.
PAUL.- ¿Por eso estoy aquí?
ANNA.- En cierto modo (Observa a PAUL detenidamente. Silencio) Quiero que los veas.
(ANNA, se dirige al fondo del espacio y va destapando distintos cuadros, tapados con telas. Los acerca, uno a uno, a la zona iluminada en el centro del espacio y los va apoyando sobre unas sillas. Ninguno de ellos esta a la visión del publico. PAUL les da un vistazo rápido a la vez que observa a momentos a ANNA)
ANNA.- ¿Qué te parecen?
PAUL.- Hermosos y terribles.
ANNA.- (Satisfecha) Hay otro más.
(ANNA destapa con entusiasmo un gran cuadro pintado en una visión horizontal. El público tampoco lo verá)
ANNA.- (Explicándolo orgullosa) Un Cupido leproso, juega a la comba con una hermosa dama, ultrajada, pero satisfecha y una niña convertida en pelele.
PAUL.- Es Lucie saltando a la comba, como una moribunda. Demasiado siniestro.
ANNA.- Te resulta siniestro porque conoces a los modelos.
PAUL.- Lo siniestro es la revelación de lo que debe estar oculto, pero tú lo haces demasiado doloroso.
ANNA.- ¿Debo de ocultar el dolor?
(En estos momentos PAUL, no puede dejar de contemplar los cuadros)
PAUL.- Lo que tú haces es exhibirlo.
ANNA.- ¿Cómo tu hace unos momentos?
PAUL.- Por eso querías que estuviera aquí, para ofrecerte un dolor premeditado.
(ANNA bebe satisfecha. PAUL vuelve a mirar los cuadros)
ANNA.- Conocer nuestra miseria siempre es algo liberador.
PAUL.- Una catarsis que desempolva tus fantasmas para usarlos y convertirlos en arte. Un lúgubre consuelo, mezclado con una buena dosis de perversión. Anna Tarhaus, aparece de nuevo usando todo lo que tiene alrededor para liberarse a sí misma por encima de los demás.
ANNA.- ¿Prefieres verme entrar en las olas como ella? (ANNA va trasladando los cuadros de nuevo al fondo y tapándolos) Aún no siento la necesidad de encontrar placer en mi propia decadencia como tu, escuchando el monótono sonido del mar, y soñando con ser una especie de vagabundo que nunca te has atrevido a ser. Demasiado cómodo y perezoso.
(PAUL decide irse, pero antes decide decir hablar a ANNA)
PAUL.- La Tourvel, en uno de sus últimos momentos de lucidez se acordó de ti y me contó una vieja historia araucana. Una viuda recibe todas las noches la visita de su marido muerto y día a día, se siente cada vez más cansada hasta quedarse casi sin fuerzas. Acude entonces a consultar a una bruja y le dice que si no consigue cortarle la cabeza al marido, ella morirá. Mientras el marido duerme, le corta la cabeza, el cuerpo se convierte en esqueleto y ella recupera sus fuerzas.
(PAUL queda en silencio y ANNA le observa con atención)
ANNA.- ¿Tu también necesitas cortar mi cabeza?
MICHEL.- Hace mucho tiempo que no. Volveré a despedirme.
(PAUL, sale hacia el exterior. Antes de salir le interrumpe la voz de ANNA)
ANNA.- Llegarás tarde y ya me habré ido.
VOZ DE PAUL.- (Desde fuera) Seguramente.
(ANNA va a servirse otra copa de vino. Aparece MICHEL por la entrada. ANNA observa sus cuadros)
ANNA.- Tengo que llamar a Sophie para que venga a por ellas. Solo quedan dos (Ansiosa) Tengo que acabarlos y salir de aquí ¿Y Lucie?
MICHEL.- Está paseando por la playa.
ANNA.- ¿Cerca?
MICHEL.- Sí ¿Te encuentras bien? (ANNA inicia la actividad de embalar los cuadros) Esa historia de la señora Tourvel…
ANNA.- ¿Sí?
MICHEL.- (A ANNA) ¿Qué pensaba tu familia de todo aquello? ¿Tus padres?
(ANNA se sorprende de la pregunta y durante unos instantes duda en contestar)
ANNA.- Mi madre se encontraba lejos de aquí y no tenía mucho derecho a opinar.
MICHEL.- ¿Por qué?
ANNA.- Me metió en el internado a los ocho años y cuando cumplí los doce, desapareció. Solo me dejó un par de retratos y su llamativo apellido.
MICHEL.- ¿Sabes algo de ella?
ANNA.- (Fría) Alguna vez.
MICHEL.- ¿Y tu padre?
ANNA.- Nunca le conocí.
MICHEL.- Estás mintiendo. Había un señor mayor que decían que era tu padre.
ANNA.- Era mi padre adoptivo. Su mujer era hermana de mi madre. No tenían hijos y me acogieron al salir del internado ¿Cómo sabes tú…?
MICHEL.- ¿Por qué se fue tu madre?
(ANNA duda en contestar)
ANNA.- Por un hombre, siempre es por un hombre.
MICHEL.- ¿Y Paul?
ANNA.- Cuando cumplí los dieciocho, me fui a vivir con el durante dos años y después me fui a Paris.
MICHEL.- ¿No fue él contigo?
ANNA.- No quise yo.
MICHEL.- ¿Y en Paris?
ANNA.- Sobreviví y pinté. No volví aquí hasta que falleció mi tía, varios años después. Luego visitaba a mi tío, más a menudo.
MICHEL.- En los veranos.
ANNA.- Sí.
MICHEL.- Desde entonces te recuerdo.
ANNA.- Hace mucho de eso, solo eras un niño.
MICHEL.- (Se acerca al espacio de ANNA) Siempre paseabas sola por la playa. Pero de pronto dejaste de venir.
ANNA.- Cuando falleció mi tío, ya no había ninguna razón para volver.
MICHEL.- Hasta este verano.
ANNA.- Sí.
(MICHEL se acerca lentamente hacia ANNA)
MICHEL.- En el que has venido a recuperar algo. Yo también (MICHEL la coge suavemente por la cintura y la acerca con fuerza a su cuerpo. Un gesto que sorprende, pero que atrae y excita a ANNA) No puedo dejar que vuelvas a escaparte.
ANNA.- Siempre lo hago.
MICHEL.- Ya lo sé. Pero aún hay tiempo.
(MICHEL la besa con pasión y ANNA se abandona totalmente a él. Mientras se acarician, MICHEL lleva a ANNA al pequeño cuarto. Al poco, entra LUCIE, que observa las pinturas y esta a punto de borrar una de ellas con la tela. Decide no hacerlo e irse)
VOZ DE ANNA.- (Desde su cuarto) ¿Eres tu Lucie?
LUCIE.- (Con voz apagada) Sí.
VOZ DE ANNA.- (Desde su cuarto) Vamos ven (LUCIE duda de ir. Al poco se decide a entrar más) Entra.
(Mientras LUCIE se dirige al cuarto, la música sigue sonando mientras suena el fuerte viento del mar y se hace el Oscuro. Al poco tiempo aún con el sonido del mar aparece ANNA y va pasando una serie de diapositivas con los esbozos de sus pinturas. Asistimos a la demostración, ya visible en los esbozos, del horror en sus creaciones tanto en los dibujos como en las frases y palabras que los acompañan donde abunda el menosprecio y el insulto. Las dos últimas serán una terrible de LUCIE y un autorretrato de ella, libre de ese horror. ANNA sale del espacio. OSCURO. Un suave coro pop acompaña las imágenes de PAUL alejándose por las dunas)
V
(Aún desde el oscuro se oyen las risas de los dos jóvenes. Es septiembre. No hay ningún cuadro. LUCIE lleva solo una camisa encima y se encuentra con MICHEL en traje de baño y con una camiseta de las de ANNA. Los dos están fisgando dentro de unas cajas de donde sacan varios objetos y papeles escritos que pertenecen a ANNA. Ríen y comentan burlonamente lo que ven allí)
LUCIE.- Escucha (Lee) “Paul seguía igual de impresionable y tuvo un ligero ataque del Síndrome de Stendhal…
MICHEL.- ¿Síndrome de Stendhal?
LUCIE.- (Siempre a punto de reír) La obra le sobrecogió de tal manera que la revelación se volvió demasiado fuerte, como le ocurrió a Stendhal cuando vio las obras de arte en Florencia y sintió un violento palpitar del corazón, temiendo que la vida se le escapaba”...
MICHEL.- (Burlándose. Imitando un aire afectado) “Un violento palpitar”
(Los dos jóvenes ríen)
LUCIE.- (Sigue leyendo) “…O fue simplemente el cobarde rechazo a lo horrible”
MICHEL Y LUCIE.- (De nuevo burlándose) “El cobarde rechazo a lo horrible”
LUCIE.- “El arte puede provocar cualquier sentimiento, a parte del horror que pueda despertar, pero al débil Paul, algo le hacia oponerse violentamente a esta oferta: el asco”
MICHEL.- (Jugando con las palabras. Burlándose) Asco, asco, as-co.
LUCIE.- “Una idea cómica, podría librarle de esa sensación y dar placer a todo ese asco, pero el nunca sabrá encontrarlo. Ni tampoco la fuerza de liberación que se produce en el lienzo, a través de ellos.”
(LUCI para de leer)
MICHEL.- (Muy interesado) Sigue.
LUCIE.- (Decepcionada) No hay nada más.
MICHEL.-Vamos a ver (MICHEL rebusca en las cajas y LUCIE se levanta a mirar por el portón. MICHEL repara en ello) ¿Viene?
LUCIE.- No.
(Los dos jóvenes buscan con decisión, esta vez sin reírse y con cierta ansiedad)
MICHEL.- (Encontrando algo) Aquí hay algo.
(MICHEL saca un rollo de papel con pequeños esbozos)
LUCIE.- Somos nosotros.
MICHEL. Nos dibuja mientras dormimos.
LUCI.- ¿Qué ha escrito?
MICHEL.- “Hace falta una buena dosis de perversión para saciar a un par de jóvenes terribles. Ahora yo soy la carne de su bocadillo”
(Hay una especie de risa tonta, desganada, forzada en los dos. Siguen buscando y encuentran más papeles con esbozos y frases)
LUCIE.- (Leyendo) “Aunque sean inofensivos, no puedo permitirme el lujo de verme vencida por ellos…”
MICHEL.- (Con asco) ¿Y estos dibujos?
LUCI.- (Mirándolo con atención. Enfadada) Soy yo.
MICHEL.- “Podría volverme una cobarde, o una loca, porque los seres débiles siempre acaban dominándonos”
(LUCI se levanta lentamente y cambia de lugar en el espacio. MICHEL observa los dibujos durante unos instantes con más detenimiento y también observa a LUCIE. Saca más bocetos escritos y lee en voz baja)
LUCIE.- Que dice.
MICHEL.- DOLOR…
LUCIE.- ¿Qué?
MICHEL.- Ha escrito varias veces DOLOR, en letras grandes
LUCIE.- ¿Que más?
MICHEL.- (Sigue leyendo) “Han padecido por su cuenta y riesgo, construyendo las imágenes a través del placer y del DOLOR. Un DOLOR capturado, vinculado a un tiempo y a un lugar”. El dolor del cuerpo inspira el dolor del alma y esta expande su mirada. Y luego hay varios nombres en letras grandes alrededor: “IVAN ILYCH de TOLSTOY. EL LIBRO DE JOB. EMILY DICKINSON. MARGUERITE DURAS. YOKIO MISHIMA…” (Al tiempo que MICHEL sigue leyendo, LUCIE se dirige lentamente hacia su bolsa, saca un cuaderno y comienza a buscar en él) “¿Cuál es el significado del dolor?” Dolor como transformador de la conciencia, señal de sacrificio, dolor del recuerdo que cuanto más te alejas, más te atrapa”
(MICHEL, guarda los bocetos, menos uno que visiona con serio interés. LUCIE se sienta y sin mediar palabra comienza a leer y recitar también de memoria)
LUCIE.- “Aburrimiento cotidiano. Dejarlo de lado, rechazarlo, creando un mundo que vibre de sufrimiento y placer, de tristeza y dolor…” (Mirando a MICHEL, marcando que ella también había escrito sobre eso. MICHEL comienza a atenderla) “Dolor profundo e infinito, pero emocionante, como el atrayente vértigo del vacio” (Se sienta en el suelo a escucharla con cierto aire de burlona curiosidad) “El mañana esta demasiado lejos. Intrusos agazapándonos en nuestro interior. Soledad para soñar despiertos. Nostalgia de la niñez. La dama blanca cabalga sobre el sombrío corcel. Confusión, masturbación compulsiva” (MICHEL, comienza a resultarle gracioso. LUCIE aún no lo detecta) “Desafío, provocación y aventura. Vacio infinito del desamor. Poesía del beso y gotitas de deseo mojando mi ropa” (MICHEL no puede reprimir la risa. LUCIE, lo escucha y deja de leer enfadada) ¿Qué te hace tanta gracia?
MICHEL.- Te pareces a ella.
LUCIE.- (Halagada) ¿Ah, sí?
MICHEL.- Te gusta oírlo.
LUCIE.- ¡Bah!
(LUCI comienza a escribir en su cuaderno)
MICHEL.- ¿Quieres saber lo que piensa de nosotros?
LUCI.- Yo ya lo sé.
MICHEL.- Seguro que esto no se lo has oído decir nunca (LUCI deja de escribir)
Lo ha escrito al lado de más dibujos horribles de los dos. Esto está cerca del mío: (Lo lee despacio, como paladeándolo) “Débil indeciso y cobarde. De burla fácil y tonta. Sin ambición. Ojos empalagosos de sangre floja y personalidad impotente. Y en letras grandes: QUEDATE COMO UN TRONCO HUECO EN LA ARENA!” (Observa la reacción de LUCIE que se ha quedado perpleja) ¿Quieres saber que dice de ti?
LUCIE.- (Con miedo) No (MICHEL se sonríe) Sí (Decidida)
MICHEL.- (Paladeándolo) “Duende neurótico, Pequeña mosquita muerta, acomplejada. Patética aldeana de falsos instantes místicos y sin talento. Y en letras grandes: VETE FLOTANDO COMO UNA PLUMA PODRIDA EN EL MAR”
LUCIE.- Estas mintiendo.
MICHEL.- (Riéndose) ¿Crees que puedo inventarme algo así?
LUCIE.- Déjame verlo.
MICHEL.- (Escondiéndolo) No.
LUCIE.- ¿Por qué?
MICHEL.- Lo romperías.
LUCIE.- Déjame (MICHEL niega con la cabeza. LUCIE se acerca a él y MICHEL lo esconde dentro de su camiseta. LUCIE se agacha hasta el suelo) Déjamelo ver.
MICHEL.- No podrías soportarlo.
LUCIE.- (Acercándose) El débil y cobarde Michel puede, ¿y yo no?
MICHEL.- (Burlándose) La mosquita muerta.
LUCIE.- (Colocándose encima de él) “Pequeña-mosquita-muerta-acomplejada” (Moviéndose y acariciándole) Somos sus dos pequeños perros (Acaba besándole y haciendo que caiga al suelo) Dos perros maltratados lamiéndose sus heridas (Acariciándose) Curándose de su ama sucia y cruel (Acaricia el pecho y el vientre de MICHEL y al llegar bajo la camisa, saca el boceto escondido. MICHEL ríe. LUCIE se aleja y mira el papel con rabia)
MICHEL.- (Sonriendo) No lo hagas.
LUCIE.- ¿Por qué?
MICHEL.- (Cínico) Forma parte de su obra.
LUCIE.- Todo forma parte de su puta obra.
MICHEL.- Acabará echándolo en falta.
LUCIE.- (Rabia) Seguro que sí (Esta a punto de romperlo. En ese instante se oye el sonido de apertura del portón. LUCIE lo arruga como una pelota y se la tira a MICHEL) Toma, guárdaselo tu.
(MICHEL se guarda el papel arrugado. ANNA entra en el espacio)
LUCIE.- ¿Dónde has dejado los cuadros?
ANNA.- En un lugar seguro.
LUCIE.- (Sonriendo) Los has escondido.
ANNA.- ¡Que tontería!
LUCIE.- ¿Tienes miedo de que te los roben? ¿O te los rompan? ¿O te los quemen?
(MICHEL, se ríe y LUCIE hace lo mismo. ANNA se sorprende pero no reacciona)
ANNA.- Mañana vendrá Sophie y se los llevará. Solo quedaba uno por terminar y por fin está acabado.
MICHEL.- Eso quiere decir que tú también te vas.
ANNA.- Seguramente.
(MICHEL, queda reflexivo andando por el espacio)
LUCIE.- Ya nada la retiene aquí Michel.
(MICHEL mira a ANNA fijamente y esta le observa fría y serenamente)
MICHEL.- Entonces, iré a tumbarme en la arena como un tronco hueco.
(ANNA se queda sorprendida al reconocer sus palabras)
LUCIE.- Y yo me iré a flotar como una pluma en el mar (Rectificando) Una pluma podrida en el mar.
ANNA.- ¿Que os pasa? ¿De que estáis hablando…?
MICHEL.- (Sacando el papel arrugado del esbozo) De esto.
(ANNA, conteniendo su ira se dirige hacia MICHEL y le extiende la mano para que le devuelva el papal. MICHEL se le acerca. ANNA tira de él, pero al no soltarlo MICHEL, se rasga. MICHEL ríe y ANNA le suelta una bofetada. MICHEL esta a punto de devolver el golpe pero se reprime y sale del taller)
ANNA.- (A LUCIE) Sois un par de imbéciles.
(LUCIE ha quedado seria y triste)
LUCIE.- Tengo frío.
(LUCIE va al cuarto. ANNA observa el papel roto y se dirige al exterior. Aparece con dos cuadros. El más grande esta descubierto y lo deja a la vista y el pequeño, tapado con papel, lo esconde en una caja. LUCIE, aparece con un pantalón y poniéndose un jersey. Se ha fijado en la última acción de ANNA, pero disimula)
LUCIE.- ¿Es el último?
ANNA.- Sí. (Lo coloca en la zona central y a vista del público. LUCIE se dirige a mirarlo con animo serio y cansado) ¿Te gusta?
LUCIE.- Sí.
ANNA.- ¿Por qué?
LUCIE.- Eres tú.
ANNA.- ¿Solo por eso?
LUCIE.- Tiene misterio y además es bello y sin maldad ¿De qué son esas ramas?
ANNA.- De mirto. Cuando Venus nació del mar se cubrió con ellas. Es un símbolo de fecundidad y de amor...
LUCIE.-…eterno.
ANNA.- Nunca es eterno. El amor tiene que tener límites muy claros, sí no, se convierte en odio.
LUCIE.- Cada uno tiene su idea de limite.
(LUCIE de manera sorpresiva se dirige con gran rapidez a la pintura escondida y le arranca el papel que la tapa. La visión le produce una repugnancia y un asco instantáneos y paralizantes que al poco tiempo se transforman en dolor y llanto)
LUCIE.- (Mirando a ANNA con rabia y dolor) ¿Por qué? (Silencio. Con una voz desgarradora) ¿Por qué lo haces maldita asquerosa?
(ANNA, asustada, guarda silencio. LUCIE la mira tensa y furiosa. De pronto, comienza a buscar por el espacio. ANNA se acerca a ella. LUCIE encuentra un pincel, que agarra al revés con la intención de usarlo para rasgar la tela, como un cuchillo. ANNA la sujeta con fuerza el brazo. Se produce un forcejeo entre ambas, hasta que ANNA, logra apartarla violentamente de una bofetada y protege el cuadro con su cuerpo. LUCIE la observa con rabia)
LUCIE.- ¡Eso es lo único que te importa!
ANNA.- No es cierto.
LUCIE.- ¡Eres tú la que es así! ¡Todos tenemos que sufrir para ti, como si fueras una puta diosa!
ANNA.- ¡Cállate!
LUCIE.- ¡Una diosa absurda y resentida!
ANNA.- ¡Cállate monstruo!
(LUCIE queda dolorida y temblorosa)
LUCIE.- ¡Te odio! ¡Te odio con toda mi alma!
(LUCIE, sale despacio y muy dolida. ANNA ha quedado sin saber reaccionar)
ANNA.- ¿Dónde vas? (Saliendo afuera) ¡Lucie! ¡Lucie!
(Entra directamente el OSCURO al salir. No hay ninguna proyección de imagen sobre el fondo)
VI
(Siguiente día. Por la mañana muy pronto. Misma disposición escénica. ANNA esta sentada en una de las sillas con la tela del cuadro y cerca de la bolsa de LUCIE. Al poco se dirige al cuadro de su autorretrato y lo tapa. Lo ve SOPHIE.
SOPHIE.- No sé cómo soportas este frío (Observa a ANNA) ¿Estás bien?
ANNA.- Es ese maldito viento.
(SOPHIE la observa durante un buen rato y se dirige al cuadro de Venus)
SOPHIE.- (Observándolo) Es fascinante como has podido captar tantas cosas de ti misma. Hay magia y sinceridad.
ANNA.- Por lo menos en lo que pinto.
SOPHIE.- Has creado algo maravilloso aquí dentro y no puedes sentirte culpable por eso (Observa a ANNA y también la bolsa de Lucie) ¿Y Lucie?
ANNA.- Ayer por la tarde salió corriendo y aún no he sabido nada de ella.
SOPHIE.- ¿Qué pasó?
ANNA.- Mira ahí detrás.
(SOPHIE, saca el pequeño cuadro de LUCIE. Su primera impresión es de sorpresa, pero pronto aparece un gesto de satisfacción)
SOPHIE.- Es brutal.
(SOPHIE observa con una intensa y callada admiración a ANNA)
ANNA.- Me odia.
SOPHIE.- El fácil hacerse odiar por mostrar los vicios. Además la obligación de un buen modelo es terminar pareciéndose al retrato. Solo es cuestión de tiempo (Mirando el cuadro) Cuando la conocí iba vestida como un pordiosero. La compre un montón de ropa y al poco la vendió casi toda. Solo se quedo con ese vestido que siempre lleva puesto. Ha sido todo un record que haya aguantado aquí tanto tiempo. No suele durar más de dos o tres semanas con la misma compañía (Observa a ANNA) No te preocupes por Lucie, siempre hay alguien dispuesto a encargarse de ella (Pausa) Hay que dejar ciertas cosas por imposibles y concentrarse en las que el fracaso nos resultaría insoportable.
(A ANNA le ánima el carácter decidido de SOPHIE y decide bromear)
ANNA.- (Burlona) Pero con cuidado de no acabar como una de esas mujeres dominantes, poco acostumbradas a que se las lleve la contraria y que siempre opinan de todo.
SOPHIE.- Estás resultando demasiado mordaz e ingeniosa. Deberías ir pensando en casarte para solucionarlo.
ANNA.- Sabes que caería fácilmente en el adulterio.
SOPHIE.- Eso es verdad. Pero tienes que cometerlo con hombres muy atractivos y que ayuden a mantener la economía familiar. Así podrías decirte a ti misma que lo haces por el bien de tu marido. Es una fantasía de lo más delicada y femenina.
(Las dos ríen divertidas. Entra MICHEL. En su rostro se refleja la tensión)
MICHEL.- Han llevado a Lucie al hospital.
ANNA.- ¿Qué ha pasado?
MICHEL.- Ha estado a punto de ahogarse.
ANNA.- (Asustada) ¿Qué?
MICHEL.- Fue al amanecer. Unos surfistas la vieron entrar en el agua y pudieron sacarla a tiempo. Está bien.
SOPHIE.- ¡Irse a bañar con este temporal en el mar! ¡Qué locura!
(MICHEL busca la mirada de ANNA)
MICHEL.- No fue a bañarse. Llevaba puesta la ropa del taller.
SOPHIE.- ¿Has estado con ella?
MICHEL.- Sí.
SOPHIE.- ¿Te ha dicho por qué...?
MICHEL.- Solo me pidió que sacara todas sus cosas de aquí.
(Silencio. MICHEL vuelve a buscar la mirada de ANNA)
SOPHIE.- Voy un momento al coche.
(ANNA no puede reaccionar y rehúye la mirada de MICHEL que la observa con mucha atención)
MICHEL.- No creo que realmente quisiera hacerlo.
ANNA.- ¿Por qué dices eso?
MICHEL.- Por la manera de hablar o por su mirada. Estaba demasiado asustada pensando qué podría haber ocurrido de verdad (Mirando a ANNA con intensidad) ¿Qué pasó?
ANNA.- Descubrió un retrato suyo.
(ANNA señala con un gesto a MICHEL donde esta el cuadro, este se dirige a él, lo destapa y lo observa un buen rato sin reaccionar)
MICHEL.- Ha hecho lo que quería. Tú solo le has inspirado una razón especial.
ANNA.- ¿Para morir?
MICHEL.- Para fingir morir.
ANNA.- ¿Una razón para fingir morir?
MICHEL.- Algo más interesante que el simple aburrimiento.
ANNA.- El riesgo que tiene fingir algo así es terrible.
MICHEL.- Ella lo es. Es algo que siempre le has recordado (ANNA se siente afectada y vulnerable. Llora) ¿Cuando te vas?
ANNA.- Mañana. Por la tarde.
MICHEL.- Vendré a ayudarte (Pausa) Tengo que llevar sus cosas a Lucie.
ANNA.- Yo te las traigo.
(ANNA sale hacia el espacio de la habitación. MICHEL queda solo observando el cuadro de Venus. ANNA aparece con el vestido de LUCIE y al meterlo en la bolsa se le cae. No puede recogerlo emocionada. Es MICHEL quien lo hace. Al rozar sus manos, MICHEL tiene la intención de acariciarla, pero se reprime y sale del espacio. ANNA queda mirando el exterior. OSCURO. No hay ninguna proyección de imagen sobre el fondo)
VII
(Una luz de media tarde penetra en el espacio. Ya no está ningún cuadro y ANNA está acabando de guardar su material en unas cajas. SOPHIE se encuentra sentada con su ordenador en la mesa grande. Al poco, ANNA se acerca a recoger material de encima de la mesa para llevarlo a las cajas, repara en las imágenes del ordenador, donde aparecen las fotos de las pinturas y las observa con atención)
ANNA.- Siempre parecen distintas metidas ahí dentro.
SOPHIE.- Oficialmente terminadas y preparadas para abandonarte.
ANNA.- ¿Las has mandado ya?
SOPHIE.- Sí. Hoy mismo llamarán.
ANNA.- Estás muy segura.
SOPHIE.- Lo estoy.
(Entra MICHEL en el espacio)
SOPHIE.- Hace una tarde luminosa. Saldré a hacer unas fotos del exterior del taller antes de que el sol decida largarse o todo esto desparezca en el mar.
MICHEL.- Lucie se ha ido hoy. Hizo una llamada por la mañana muy pronto. Fuimos a comer cerca del embarcadero y a eso de la media tarde se despidió de mí. Alguien la esperaba al final de la calle.
ANNA.- ¿Quién era?
MICHEL.- No lo sé. Estaba dentro de un coche. No supe que se iba hasta que apareció ese coche (ANNA, pensativa, sigue con su actividad) ¿Te ayudo?
ANNA.- Vamos a dejar lo que se queda cerca de la mesa.
(ANNA y MICHEL inician la actividad. ANNA con sus cajas cerca de la salida que va sacando, según las acaba de llenar y MICHEL más al interior con lo demás. Al cabo de un rato, entra SOPHIE escuchando por su teléfono móvil. Al tiempo que lo hace, sonríe a ANNA y le dice un nombre inaudible en voz baja que ésta reconoce. A la vez que conversa por teléfono, se dirige al ordenador y localiza las fotografías de las pinturas. ANNA saca unas cajas al exterior)
SOPHIE.- (Hablando por el teléfono) Es mucho más complejo y más sincero que la simple explotación de la intimidad... Claro, claro que sí... Hay un espíritu de espectador (MICHEL, repara en las imágenes y las observa atentamente a distancia. ANNA sale tranquilamente hacia su habitación) Recogen todo lo sucio y todo el dolor. Cargan con todo como una redención, eso es (Vuelve a revisar rápidamente las fotografías) Son jóvenes perdidos y egoístas, sin nada interesante que ofrecer, cansándose fácilmente de todo y con todas esas historias girando en torno a ellos mismos. Repetición, egoísmo y ausencia de carácter, sí... Sí, terribles... No, nadie especial, unos simples modelos (ANNA, sale de su habitación con una maleta. Lleva un pantalón vaquero y un fino jersey. MICHEL la observa y ella le sonríe distante. Sale al exterior) Ha sido para ella un tiempo muy especial. Se ha revitalizado y se ha liberado en muchos aspectos... Un renacimiento, sí. ¿Lo ves?... (Ríe) Si, se lo diré... Claro... Fantástico. Adiós... Adiós querido.
(ANNA, regresa y mira el espacio fríamente, comprobando a ver si se deja algo al tiempo que SOPHIE, recoge su material)
SOPHIE.- (Satisfecha) ¡Lo tenemos!
ANNA.- Luego hablamos.
(ANNA, se acerca a MICHEL y le da un suave beso en los labios)
ANNA.- Cuídate mucho.
MICHEL.- Tu también.
SOPHIE.- ¿Y las llaves?
ANNA.- Van a venir a por ellas (Mirando el reloj) Pero hemos quedado más tarde.
SOPHIE.- ¿Qué hacemos entonces?
ANNA.- Michel conoce al dueño y se las dará (ANNA mira a MICHEL que ha quedado casi oculto entre el material que se queda en el almacén) ¿Michel?
MICHEL.- Sí, claro. Se las llevaré al pueblo hoy mismo.
SOPHIE.- Vamos. Espero un par de llamadas más. Conduces tú.
ANNA.- (A MICHEL) Te las dejo en el portón.
(SOPHIE repara en ese material que se queda. MICHEL, quieto y observando cómo se van, parece formar parte de él)
SOPHIE.- (Señalando el material con MICHEL pegado a él) ¿Y todo eso?
ANNA.- (Sin mirar) Ya estaba aquí cuando llegué.
SOPHIE.- ¿Lo dejas?
ANNA.- Ya no me sirve.
(ANNA y SOPHIE salen del almacén. Ruido de arranque de motor en el exterior y luego de ese mismo motor alejándose. MICHEL sigue durante unos instantes como escondido entre el material. Al cabo de un tiempo, reflexivo, sale lentamente de allí. El sonido del mar empieza a oírse fuertemente y una cálida luz del cercano atardecer penetra por el lado del portón, inundando parte del espacio. En ese momento aparece PAUL)
MICHEL.- Llegas tarde Paul.
(Silencio. PAUL entra. Ambos deambulan y observan el espacio durante un tiempo. MICHEL, queda reflexionando mientras mira a través del ventanal del Este, al tiempo que PAUL queda mirando el exterior, cerca del portón)
PAUL.- Va a quedar un hermoso atardecer.
(Una serie de movimientos por el espacio, como dos seres que parecen no poder salir de allí, se producen mientras el fuerte sonido del viento y del mar invaden la atmosfera. Imágenes de ambos en los exteriores del almacén con fondo de mar, se proyectan en el fondo a la vez que se hace el OSCURO FINAL)